Budo Zanshin

Monday, January 26, 2009

"No pregunte, siga practicando."

“El camino hacia la meta es inconmensurable. Entonces, ¿qué significan semanas, meses, años?”
“Pero, ¿si tengo que interrumpir a mitad del camino?”, pregunté.
“Una vez que se haya desprendido realmente de su yo, puede interrumpir en cualquier momento. Entonces, ¡practíquelo!”, respondió.

Y así volvimos a empezar desde el principio, como si todo lo aprendido hasta entonces hubiera sido inútil. Pero al igual que antes, me era imposible permanecer sin intención en el momento de máxima tensión, como si fuese imposible salir del viejo carril.

- Pero, ¿cómo puede producirse el disparo si no lo hago yo?-, pregunté
- Se dispara-, respondió.
- Esto ya me lo dijo usted varias veces; formularé mi pregunta de otro modo: ¿cómo puedo esperar el disparo, olvidado de mi mismo, si yo ya no he de estar allí?.
- Se permanece en la máxima tensión.
- Y, ¿quién o qué es ese Se?
- Cuando haya comprendido esto, ya no me necesitará. Y si yo quisiera ponerlo sobre la pista, ahorrándole la experiencia propia, sería el peor de los maestros y merecería ser despedido. ¡No hablemos más, pues, practiquemos!

Durante semanas no avancé un sólo paso. En cambio, comprobé que esto no me afectaba lo más mínimo.¿Estaba cansado de todo? Quizá aprendiera el arte o no; que supiera lo que el maestro quería decir con su Se; que encontrara el acceso al Zen o no, todo esto me parecía de repente tan lejano, tan indiferente, que ya no me preocupaba. Varias veces me propuse confesárselo al maestro, pero frente a él me abandonaba el valor. Estaba convencido de no escuchar otra respuesta que la trillada: “¡No pregunte, practique!”. Entonces dejé de preguntar y por poco hubiera dejado también de practicar, si el maestro no me hubiese tenido tan firmemente de la mano. Vivía al día sin pensar en el mañana; cumplía en la mejor forma posible con mis obligaciones profesionales y finalmente dejé de tomarme a pecho el que me era indiferente todo aquello a lo que había dedicado, durante años, mis más persistentes esfuerzos.

De repente, cierto día, después de un tiro mío, el maestro hizo una profunda reverencia y dio por terminada la clase. Ante mi mirada perpleja, exclamó: “¡Se acaba de tirar!”. Y cuando, por fín, comprendí lo que quería decir, mo me fue posible reprimir una repentina expresión de alegría.

“Lo que dije no era un elogio”, reprobó el maestro, “sino una comprobación que no ha de tocarle. Y mi reverencia no iba dirigida a usted, porque usted no tiene ningún mérito en este tiro. Esta vez usted permanecía olvidado de sí mismo y de toda intención, en el estado de máxima tensión; entonces el disparo cayó como una fruta madura. Ahora, siga practicando como si nada hubiese sucedido”.

Eugen Herrigel.
Zen en el arte del tiro con arco.

2 Comments:

Blogger David dijo...

En el libro de El Espíritu del Judo, un maestro le decía a su alumno: "Tú mental malo, hablar menos y practicar más".
En Japón son de otra pasta.

4:00 PM  
Blogger Small Blue Thing dijo...

Eso desde luego.

1:24 AM  

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