Budo Zanshin

Thursday, February 14, 2008

El Regreso

En ocasiones, la vida nos pone a prueba y no siempre superamos los escollos.

Es un hecho demostrado que, por ser humanos, fracasamos en muchas de las tareas que nos proponemos.

Quien me conozca sabrá que mi opinión al respecto es que ahí radica el mayor don de la humanidad: en la capacidad de aprender de nuestros errores.

En ocasiones, la vida nos da segundas oportunidades. Terceras y hasta cuartas, incluso quintas oportunidades.

Pero seguimos diciendo que la vida es injusta. La vida no es injusta, ni justa. Simplemente es. Es vida en su justa medida. Así como nos ocurren cosas- buenas y malas- tendemos a juzgar a la vida y sus circunstancias.

En ocasiones, cuando algo va demasiado mal, decidimos cambiarlo. Y no siempre el cambio es a mejor.

Pero no somos capaces de discernir si nuestra vida va a mejorar hasta que lo cambiamos. Entonces, sentenciamos: “si lo llego a saber, me quedo como antes”, “menos mal que cambié esto por esto otro”. Pero en el cambio está la virtud. No en el inmovilismo.

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No es filosofía.
No es deporte.
No es ganar. Ni perder.
Es la vida.

Va camino de dos años que tuve que detener mi marcha en el entrenamiento del Budo. Y sé por qué. Mi querido P-sensei me ha tenido mucha paciencia en mi inconstancia. Pero sé por qué la he necesitado.

A-sempai y yo comentábamos hace muy poco que en el Budo hay un alto porcentaje de sentimiento y que sin él, a nosotros, entrenar dando palos no nos sirve de nada.

Por eso me he tenido que alejar. Porque no tenía el sentimiento. Lo había perdido. Ahora, a dos semanas pasadas de haber retomado armas en el Budo, puedo decir que lo estoy hallando de nuevo.

Encuentro el camino que se me desdibujó.

Encuentro la senda que tanto echaba de menos.

He hallado los brazos que me han sujetado durante estos casi dos años: Tatsu, A-sempai, Small Blue Thing. P-sensei. Que me han sujetado fuerte al Budo, a pesar de estar lejos.

Tatsu siempre ha sido “la mano en la sombra”. Esa que no está, pero que, de forma inconsciente, SABES que está. Ha sido una etapa poco sencilla para él también, por eso mi agradecimiento es, si cabe, mayor. Mi hermano.

A-sempai. Nunca te has ido. Nunca me has dejado. Siempre ese “pesado encantador” que contagia su alegría y que te da esa piedra de toque acerca del Budo tan buena, tan similar a la mía. Siempre conmigo. Mi frater, mi amigo.

Small Blue Thing. Bueno, a ella ¿qué le voy a decir que no sepa? Lleva inmersa en su ser la lucha diaria. La superación del día a día es su compañera de viaje y en comparación, mi problema es, salvando diferencias, pequeño. Sabe cómo pienso. Ha sabido estar en ese tira y afloja de “ve a entrenar, Replicante”, “con calma, Replicante” que tanto se ha estilado esta temporada. Mi espejo.

P-sensei fue el apoyo de realidad. ¿Sabes esa torta enorme que te vas a pegar cuando menos te lo esperas y más lo necesitas? Exacto. Ese es P-sensei. Porque hay momentos (muchos) en los que no necesitas paños calientes, sino una dosis de “esto es así”. Mi muralla.

Y aquí sí puedo decir que he ganado: kote-ari, men-ari.

El mejor combate de mi vida lo he luchado solo, pero acompañado en el aspecto que más importa: el sentimiento. Al fin y al cabo, en equipo de cinco.

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Todo esto es muy bonito, pero el paso, que no tiene más mérito que el de darlo, lo he dado yo. Fui a entrenar cuando menos propicio me resulta. Cuando más me cuesta, cuando la lasitud más me ata. Sábados por la mañana. Cuando la apatía me llena, me puede el desánimo y me hunde la desmoralización.

Pero, ahora, la pregunta que me hago cuando eso me pasa es: “¿dónde voy a estar mejor que en mi dojo?”. ¡Y es una pregunta de fácil respuesta! Y que lleva consigo múltiples preguntas más.

¿Dónde voy a estar mejor que con mis amigos?
¿Dónde voy a estar mejor que compartiendo el Budo con ellos?
¿Dónde voy a estar mejor que aportando y recibiendo aportaciones?

Sencillo, ¿verdad?

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Pero no todo acaba aquí. Y es que el equipo de cinco no es solo de cinco.

Tengo un hueco para Saibot, que en esta andadura que he emprendido camina junto a mí. Y creo que era lo que me faltaba por compartir con él: el dojo. Bienvenido, o como se debería decir: irashaimasen.

No sé si lo leerá, pero no se hace una idea de lo que me alegra (y ayuda) que pueda venir.

Y en general (un general muy particular, vosotros sabeis quiénes sois) querría agradecer al dojo la bienvenida que me disteis. Es un placer volver a casa.