Budo Zanshin

Saturday, January 12, 2008

A vueltas con el Zen

Esta tarde ha caído la tormenta
rodando por las cuestas del cielo
como un pedrisco enorme...
Como alguien que desde una ventana alta
sacude un mantel
y las migajas, al caer todas juntas,
hacen ruido al caer,
la lluvia llovía del cielo
y ennegreció los caminos...

Cuando los relámpagos sacudían el aire
y abanicaban el espacio
como una gran cabeza que dice que no,
no sé por qué _yo no tenía miedo_
me puse a rezar a Santa Bárbara
como si yo fuera la tía vieja de alguien...

¡Ah! Es que rezándole a Santa Bárbara
me sentía aún más ingenuo
de lo que me creo que soy...
Me sentía familiar y casero
y habiendo pasado la vida
tranquilamente, como el muro del huerto;
teniendo ideas y sentimientos por tenerlos
como una flor tiene perfume y color...

Me sentía alguien que puede creer en Santa Bárbara...
¡Ah, poder creer en Santa Bárbara!

(Quien cree que existe Santa Bárbara,
¿pensará que es una persona y que se la ve,
o qué pensará de ella?)

(¡Qué artificio! ¿Qué saben
las flores, los árboles, los rebaños,
de Santa Bárbara?... Una rama de árbol,
si pensase, nunca podría
inventar santos ni ángeles...

Podría pensar que el sol
es Dios, y que la tormenta
es uin montón de gente
encolerizada por cima de nosotros...
¡Ah, de qué modo los más sencillos de los hombres
están enfermos y confusos y embrutecidos
frente a la clara sencillez
y salud con que existen
los árboles y las plantas!)

Y yo, pensando en todo esto,
me sentí otra vez menos feliz...
Me puse sombrío y débil y soturno
como un día durante el que todo el día la tormenta
amenaza
y ni siquiera llega de noche...

Pensar en Dios es desobedecer a Dios,
porque Dios quiso que no le conociésemos,
por eso no se nos mostró...

Seamos sencillos y pacíficos,
como los regatos y los árboles,
y Dios nos amará haciéndonos bellos como los árboles
y los regatos,
y nos dará verdor en su primavera,
¡y un río donde estar cuando acabemos!

(Fernando Pessoa, bajo heterónimo "Alberto Caeiro". Aurora)


Dice Ómen-senpai en su post anterior, citando a Taisen Deshimaru Sensei, que Todas las escuelas filosóficas se interesan en este problema: existencialismo, behaviorismo, estructuralismo... sin embargo, ninguna da la clave de la conducta de nuestra vida. Siempre terminan por encerrarse en categorías. Pero el origen de lo profundo, la larga corriente de la vida, no se puede encerrar.

Así pues, una va y se encuentra con Zen puro en un libro de Pessoa.

¿Cómo aplicamos eso a la práctica de la espada? Como estudiante, no tengo la respuesta. Pero pienso que muy a menudo aparezco con un montón de pensamientos, de agendas, de expectativas, que directamente jod... pervierten mi práctica. Quizá la clave esté en desarrollar esa sensibilidad que nos hace detectar verdad en los libros menos pensados al propio cuerpo, y encontrar kendo en el movimiento que no hago, o en la dificultad con la que me empotro.

Frío, caliente. Acierto, error. Somos nosotros quienes ponemos los adjetivos.

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