Budo Zanshin

Tuesday, April 11, 2006

"¿Y por qué te ha dado por ahí?"

Dado que, si tuviéramos que hacer una encuesta sobre las preguntas abstrusas que nos ha hecho la gente al enterarse de que practicábamos Kendo, esta las resumiría todas, he considerado apropiado que mi primer post responda a esta pregunta.

- ¿Y por qué te ha dado por el kendo? _ en mi caso, la preguntita de marras la span style="colorformuló mi padre, añadida de un "¡A estas alturas!".

Lo cierto es que no es una pregunta idiota: no porque te la hagan los demás, sino porque sueles hacértela también tú mismo.

- ¿Por qué Kendo (¡a estas alturas!)?

He buscado la respuesta para escribir este post más allá de donde lo hago habitualmente. Desde que descubrí que el Kendo existía, con poco más de siete años, hasta que empecé a practicar, cumplidos los 30, pasé un largo tiempo de fascinación por la disciplina de la espada y de frustración por no poder permitirme las clases. Lo cual quedaba muy bien para responder al "¿Y por qué te ha dado por el kendo (a estas alturas)?". Aunque la historia de la niña pobre que se quedó alucinada la primera vez que vio cruzarse dos espadas de luz es verídica: tanto me influyó mi primer visionado de El Imperio Contraataca que me llevó a escoger carrera, doctorado y más tarde religión. Pero hoy he entendido que no fue ese el motivo de que empuñara por primera vez un shinai.

No hacemos kendo porque nos guste el deporte (aunque a algunos nos guste). No practicamos kendo porque nos interese el Japón (aunque sí nos interesa), ni por motivos religiosos (aunque a muchos nos influyan éstos).

Yo hago kendo para deshacerme de mi ego. Sólo así puedo encontrarme a mí misma.

Hago kendo porque en la práctica de la espada encuentro silencio. Porque cuando entro en el Dojo, el exterior queda fuera: mi padre y mi madre, la petarda de mi jefa, las facturas por pagar o la bronca con mi novio de ayer; también quedan fuera los trapos, las vacaciones, Internet, los trabajos que me proporcionan éxito, en forma de dinero o de fama. Todo eso queda fuera.

Cuando empiezo a hacer kendo sólo quedamos yo y la espada.

Y después (si el momento es propicio), sólo la espada.

Zanshin.


Supongo que, si estás leyendo este blog recién nacido y has llegado hasta este párrafo es porque seguro que tú también te estás preguntando "¿Y si me da por eso del kendo?". No sé si mi reflexión puede ayudar mucho a los que se acercan a la vía de la espada por lo deportivo, lo friki o lo místico: porque, de hecho, las tres formas de acercamiento tienen que ver, y son válidas.

Pero si no te consideras un deportista, ni un otaku, ni te va lo místico, también deberías probar.

Y a lo mejor te llevas una sorpresa.

2 Comments:

Blogger El Replicante Nexus 7D dijo...

Querida compañera, para mí, el progreso en el Kendo, por usar una forma extremadamente básica de decirlo, hace que al entrar en el dojo lo abandones todo.

Incluso a tí mismo.

Para mi, el primer enemigo es uno mismo. El propio 'ego'.

Si no nos ponemos limitaciones a nosotros mismos, nuestra meta es el Vacío y nuestro límite el universo.

Porque hay que deprenderse de muchas cosas en el camino del aprendizaje, pero de eso hablaré en un post más extenso dedicado explícitamente a ello.

8:24 AM  
Blogger Small Blue Thing dijo...

¡Esa es la cosa!

En... mhm, en media hora haré mi primer propósito de pasar directamente al "sólo-la-espada" ;)

9:46 AM  

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