Budo Zanshin

Monday, January 26, 2009

Comentarios a "No pregunte, siga practicando"

Al respecto de esta experiencia particular del maestro Herrigel con la arquería japonesa (Kyudo) quiero mencionar que es extensible a todo arte marcial que deseemos practicar. Al menos desde mi punto de vista y sobre todo desde el punto de vista del Zen. El “no-ser” frente al “ser”, tan manido en el Zen, se revela en este texto de relación maestro – alumno tan brutal y revelador. En el momento en que no estás, SE produce esa naturalidad que Musashi recalca en su Manuscrito del Vacío del Libro de los Cinco Anillos.

SE tira la flecha. SE ataca con la espada. SE proyecta con las manos.

SE no es impersonal. SE no somos nosotros que llevamos “el arma”.

SE es el SUJETO de la frase. Esta es la dialéctica del Zen. La no-mente. El no-ser. Mu-shin

"No pregunte, siga practicando."

“El camino hacia la meta es inconmensurable. Entonces, ¿qué significan semanas, meses, años?”
“Pero, ¿si tengo que interrumpir a mitad del camino?”, pregunté.
“Una vez que se haya desprendido realmente de su yo, puede interrumpir en cualquier momento. Entonces, ¡practíquelo!”, respondió.

Y así volvimos a empezar desde el principio, como si todo lo aprendido hasta entonces hubiera sido inútil. Pero al igual que antes, me era imposible permanecer sin intención en el momento de máxima tensión, como si fuese imposible salir del viejo carril.

- Pero, ¿cómo puede producirse el disparo si no lo hago yo?-, pregunté
- Se dispara-, respondió.
- Esto ya me lo dijo usted varias veces; formularé mi pregunta de otro modo: ¿cómo puedo esperar el disparo, olvidado de mi mismo, si yo ya no he de estar allí?.
- Se permanece en la máxima tensión.
- Y, ¿quién o qué es ese Se?
- Cuando haya comprendido esto, ya no me necesitará. Y si yo quisiera ponerlo sobre la pista, ahorrándole la experiencia propia, sería el peor de los maestros y merecería ser despedido. ¡No hablemos más, pues, practiquemos!

Durante semanas no avancé un sólo paso. En cambio, comprobé que esto no me afectaba lo más mínimo.¿Estaba cansado de todo? Quizá aprendiera el arte o no; que supiera lo que el maestro quería decir con su Se; que encontrara el acceso al Zen o no, todo esto me parecía de repente tan lejano, tan indiferente, que ya no me preocupaba. Varias veces me propuse confesárselo al maestro, pero frente a él me abandonaba el valor. Estaba convencido de no escuchar otra respuesta que la trillada: “¡No pregunte, practique!”. Entonces dejé de preguntar y por poco hubiera dejado también de practicar, si el maestro no me hubiese tenido tan firmemente de la mano. Vivía al día sin pensar en el mañana; cumplía en la mejor forma posible con mis obligaciones profesionales y finalmente dejé de tomarme a pecho el que me era indiferente todo aquello a lo que había dedicado, durante años, mis más persistentes esfuerzos.

De repente, cierto día, después de un tiro mío, el maestro hizo una profunda reverencia y dio por terminada la clase. Ante mi mirada perpleja, exclamó: “¡Se acaba de tirar!”. Y cuando, por fín, comprendí lo que quería decir, mo me fue posible reprimir una repentina expresión de alegría.

“Lo que dije no era un elogio”, reprobó el maestro, “sino una comprobación que no ha de tocarle. Y mi reverencia no iba dirigida a usted, porque usted no tiene ningún mérito en este tiro. Esta vez usted permanecía olvidado de sí mismo y de toda intención, en el estado de máxima tensión; entonces el disparo cayó como una fruta madura. Ahora, siga practicando como si nada hubiese sucedido”.

Eugen Herrigel.
Zen en el arte del tiro con arco.

Thursday, October 30, 2008

Se busca

Si te gusta el Kendo y quieres conocerlo, vives cerca de la zona Embajadores/Acacias y tienes un rato martes o jueves sobre las 20:30 para acompañar a una persona con discapacidad al entrenamiento, ponte en contacto conmigo en este e-mail:
organa[EN]ya[PUNTO]com

Gracias adelantadas.

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Saturday, September 06, 2008

Kendo en Ramadán

Traduzco mi post del grupo de Facebook Kendo Chicks Rock!


Aunque creo que soy la única kenshi musulmana, por lo menos en Europa, espero que otras puedan leer esto.

Este jueves entrené por primera vez mientras hacía Ramadán. Técnicamente, este es mi primer Ramadán, ya que la medicación que he estado tomando estos años me eximía del ayuno. Y lo cierto es que no fue tan difícil como había creído. Simplemente hay que tener la precaución, la noche anterior, de hidratarse más de lo normal en otra noche de Ramadan; y sobre todo, elegir bien la hora de entrenamiento. Aunque normalmente entreno por la mañana, he pedido a P.-sensei y a mis senpai entrenar por la tarde durante este mes.

Aguanté dos horas y media como una señora. Incluso participé en los turnos de combate, y salí unos minutos antes de romper el ayuno, ya duchada y vestida de civil. Ni que decir tiene que me tiré literalmente sobre los dátiles, las almendras y el litro de zumo de naranja que me había llevado en la bolsa ;D


Más allá de lo puramente religioso, momentos como este dan sentido a perseverar en una práctica que, las más de las veces, me ha traído más frustración que alegrías. Puede que sea la peor kendoka del multiverso, pero si puedo sostener el shinai incluso durante el ayuno, entre dos tandas de oración, entonces el horizonte desde el men-gane, como el cielo, no tiene límites.

Kami no Akbar! :D

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Tuesday, April 29, 2008

Sensei

Cito del blog del karateka madrileño Miguel Delgado:
La palabra sensei, que en ciertas ocasiones todavía podemos oir, no tiene nada que ver con el concepto de profesor, o de maestro. Según parece, el significado de esta palabra viene dado por sus dos componentes: ’sei’ significa ‘persona’, mientras que ’sen’ significa ‘anterior’. Por tanto, sensei sería simplemente una persona que va antes que tú, si lo reducimos a un asunto puramente semántico.

En el dojo sería pues la persona que estaba allí antes que todos los demás (como digo, reduciendo el concepto al máximo). Como todos podemos llegar a ser senseis algún día, sería bueno que no olvidáramos a aquellos que nos han precedido en el tatami.

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Sunday, April 27, 2008

El regreso (bis)

- ¡Blue-chan! Eh, ¿qué tal?
- Jodía, pero de pie ;)

No voy a contar lo bien que me sentó volver a hacer kendo ayer. Cualquiera puede suponerlo, porque van unas cuantas. Me gustaría mejor contar cómo lo hice.

Gracias a un banco de tiempo desarrollado en Internet, Kroonos, he encontrado dos personas dispuestas a darme asistencia personal y acompañarme a la clase de los sábados. Ambos son, además, compañeros de profesión, un actor y un estudiante de Imagen, al que inshallah daré clases de inglés a cambio.

Si el Sistema te da la espalda, dale una patada a cambio.

Si no existe, inventalo.


Cuánto os echaba de menos.

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Monday, March 24, 2008

¡Pero que alguien le quite la espada!

A dónde vamos a llegar...

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Thursday, February 14, 2008

El Regreso

En ocasiones, la vida nos pone a prueba y no siempre superamos los escollos.

Es un hecho demostrado que, por ser humanos, fracasamos en muchas de las tareas que nos proponemos.

Quien me conozca sabrá que mi opinión al respecto es que ahí radica el mayor don de la humanidad: en la capacidad de aprender de nuestros errores.

En ocasiones, la vida nos da segundas oportunidades. Terceras y hasta cuartas, incluso quintas oportunidades.

Pero seguimos diciendo que la vida es injusta. La vida no es injusta, ni justa. Simplemente es. Es vida en su justa medida. Así como nos ocurren cosas- buenas y malas- tendemos a juzgar a la vida y sus circunstancias.

En ocasiones, cuando algo va demasiado mal, decidimos cambiarlo. Y no siempre el cambio es a mejor.

Pero no somos capaces de discernir si nuestra vida va a mejorar hasta que lo cambiamos. Entonces, sentenciamos: “si lo llego a saber, me quedo como antes”, “menos mal que cambié esto por esto otro”. Pero en el cambio está la virtud. No en el inmovilismo.

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No es filosofía.
No es deporte.
No es ganar. Ni perder.
Es la vida.

Va camino de dos años que tuve que detener mi marcha en el entrenamiento del Budo. Y sé por qué. Mi querido P-sensei me ha tenido mucha paciencia en mi inconstancia. Pero sé por qué la he necesitado.

A-sempai y yo comentábamos hace muy poco que en el Budo hay un alto porcentaje de sentimiento y que sin él, a nosotros, entrenar dando palos no nos sirve de nada.

Por eso me he tenido que alejar. Porque no tenía el sentimiento. Lo había perdido. Ahora, a dos semanas pasadas de haber retomado armas en el Budo, puedo decir que lo estoy hallando de nuevo.

Encuentro el camino que se me desdibujó.

Encuentro la senda que tanto echaba de menos.

He hallado los brazos que me han sujetado durante estos casi dos años: Tatsu, A-sempai, Small Blue Thing. P-sensei. Que me han sujetado fuerte al Budo, a pesar de estar lejos.

Tatsu siempre ha sido “la mano en la sombra”. Esa que no está, pero que, de forma inconsciente, SABES que está. Ha sido una etapa poco sencilla para él también, por eso mi agradecimiento es, si cabe, mayor. Mi hermano.

A-sempai. Nunca te has ido. Nunca me has dejado. Siempre ese “pesado encantador” que contagia su alegría y que te da esa piedra de toque acerca del Budo tan buena, tan similar a la mía. Siempre conmigo. Mi frater, mi amigo.

Small Blue Thing. Bueno, a ella ¿qué le voy a decir que no sepa? Lleva inmersa en su ser la lucha diaria. La superación del día a día es su compañera de viaje y en comparación, mi problema es, salvando diferencias, pequeño. Sabe cómo pienso. Ha sabido estar en ese tira y afloja de “ve a entrenar, Replicante”, “con calma, Replicante” que tanto se ha estilado esta temporada. Mi espejo.

P-sensei fue el apoyo de realidad. ¿Sabes esa torta enorme que te vas a pegar cuando menos te lo esperas y más lo necesitas? Exacto. Ese es P-sensei. Porque hay momentos (muchos) en los que no necesitas paños calientes, sino una dosis de “esto es así”. Mi muralla.

Y aquí sí puedo decir que he ganado: kote-ari, men-ari.

El mejor combate de mi vida lo he luchado solo, pero acompañado en el aspecto que más importa: el sentimiento. Al fin y al cabo, en equipo de cinco.

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Todo esto es muy bonito, pero el paso, que no tiene más mérito que el de darlo, lo he dado yo. Fui a entrenar cuando menos propicio me resulta. Cuando más me cuesta, cuando la lasitud más me ata. Sábados por la mañana. Cuando la apatía me llena, me puede el desánimo y me hunde la desmoralización.

Pero, ahora, la pregunta que me hago cuando eso me pasa es: “¿dónde voy a estar mejor que en mi dojo?”. ¡Y es una pregunta de fácil respuesta! Y que lleva consigo múltiples preguntas más.

¿Dónde voy a estar mejor que con mis amigos?
¿Dónde voy a estar mejor que compartiendo el Budo con ellos?
¿Dónde voy a estar mejor que aportando y recibiendo aportaciones?

Sencillo, ¿verdad?

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Pero no todo acaba aquí. Y es que el equipo de cinco no es solo de cinco.

Tengo un hueco para Saibot, que en esta andadura que he emprendido camina junto a mí. Y creo que era lo que me faltaba por compartir con él: el dojo. Bienvenido, o como se debería decir: irashaimasen.

No sé si lo leerá, pero no se hace una idea de lo que me alegra (y ayuda) que pueda venir.

Y en general (un general muy particular, vosotros sabeis quiénes sois) querría agradecer al dojo la bienvenida que me disteis. Es un placer volver a casa.